Hoy parlamentarios chilenos presentaron un proyecto de ley que busca convocar desde el parlamento una asamblea constituyente[1] para la creación de una nueva constitución, esta es posible que no fructifique pero es una muestra clara de cómo las instituciones son permeables a este tipo de demandas y por ello se hace necesario hacer opinión al respecto.
La razón fundamental para solicitar la derogación de la carta magna y agitar su nueva construcción desde las bases populares, es su ilegitimidad, su bochornoso pasado pinochetista y las trabas que le suponen a esta para cumplir los deseos que la gran mayoría ha manifestado (de paso lavarle las manos a la difunta concertación respecto de su responsabilidad haber estado 20 años gobernando para los empresarios).
Me parece interesante que se atribuya a esta suerte de carta magna bastarda tanto poder, tiene más poder que la lucha de clases, tiene más poder ser propietario de los medios de producción, inclusive tiene más poder que todos los esfuerzos cotidianos de cientos de personas por construir organización política para disputar la transformación social.
Aquí es dar muerte a la Constitución bastarda y listo, en adelante, los intereses que defiende el Estado no serán los de los empresarios, el pueblo organizado participara en igualdad de condiciones (a pesar de que por su posición de clase: sus manos son lo único que tienen), los millonarios pertenecientes a la clase alta entregaran sus posesiones para construir un nuevo futuro de Chile (por la igualdad ante la carta magna legitima) y se ejecutan como derechos inmediatos para todos los ciudadanos : el trabajo, la educación, la salud, el transporte, la energía sustentable, la legalización de la marihuana, el matrimonio homo/hetero/bi/trans/pansexual, la protección de los derechos de los animales y no olvidemos por cierto: la integración intercultural, por lo tanto, con legitimidad desde la carta magna, se sanciona el Estado Mapuche y el Mar para Bolivia.
Por supuesto, esto suponiendo que dicha asamblea constituyente consta con la incansable participación mía y de todos mis amigos, los cuales seguramente además difieran en algunos de los puntos anteriormente mencionados.
Perdón, por el procedimiento irónico del comienzo, es solo una manera de llamar la atención y una manera de poner sobrealerta de la manera en que todos y cada uno de estos temas, cuando se han volcado a cuestionar de cierta manera (aún muy superficial) la organización económica del país, la distribución de la riqueza, la explotación en todas sus dimensiones, aparecen quienes vinculan esto a la Constitución, a la binominalidad, etc. como si estos problemas tuvieran que ver con falta de representación de la gente en los poderes del gobierno, ni siquiera del Estado (que ya sería algo un poco más estable en el tiempo).
Tras la veracidad de esta hipótesis, que tanto gusta agitar a los “intelectuales”, pueden existir dos hipótesis posibles y dignas de analizar:
H1.- La organización del Estado responde única y exclusivamente a la constitución que la rige.
Para que esta idea sea veraz deberíamos dejar por fuera todo aquello que alude al papel del Estado dentro del capitalismo.
Es verdad, que sobre eso hay muchas teorías que intentan definir dicho papel, pero asumiendo que vivimos en Chile, en donde el liberalismo ha hecho su cuna a costa de todos los derechos ciudadanos, hay que ser honesto y decir: el Estado, lo único que defiende es la libertad individual de los consumidores y empresarios, y la propiedad privada de los recursos, eso está determinado por el papel el modelo productivo y no por la dichosa hija bastarda, si bien esta última proclama el ordenamiento jurídico de las funciones del Estado y de su relación con los ciudadanos, ella no es otra cosa que la manifestación del ordenamiento del poder que en el capitalismo está subordinado a la cuestión económica.
Lo cual nos lleva a la segunda idea.
H2.- La Asamblea Constituyente ha de transformarse en un acto político cuyas consecuencias no pueden ser otras que la justicia social.
Yo entiendo que los compañeros, tengan en su mente fantasías promovidas por una lectura apasionada de la historia del movimiento popular subterráneo en Chile, que participan de la idea que a los comunistas tanto les ha gustado instalar que se basa en que en la medida en que se abren espacios democráticos de participación se producen transformaciones en la conciencia de consecuencias impresionantes. (Francamente esto no ha sido demostrado en ningún proceso real, la conciencia sobre los derechos cambia en la medida en que dichos derechos se ejercen y no mientras se discuten y así pasa con la lucha y con un montón de otros elementos asociados a la conciencia para sí).
Pero, para ser serios y que esta idea se cumpla, debiesen ser posibles al menos 3 ideas más, bastante discutibles, pero en los cuales por extensión no profundizare hoy:
1. La representatividad es posible. (y esta es otra representatividad, no la que existe en la actual espuria constitución, nadie dice cual, auqnue yo sospecho que es la misma de la concertación, que seguro no es muy distinta a la de la derecha)
2. Una asamblea puede ser igualitaria aún en la desigualdad del capitalismo.(quizas bastaría decir, una asamblea es igualitaria, pero quizá introducir el tema de contradicción de clases y la diferencia de poder que emana de ello)
3. Los obstáculos a la justicia social son puramente simbólicos ( o sea, es hueva de ponernos de acuerdo o con palabras se entiende la gente)
Postulo que las tres ideas recién planteadas son imposibles[2].Por ello, la posibilidad de que una Asamblea Constituyente convocada por el parlamento, cuya finalidad sea la de cambiar la constitución no puede transformarse en un acto político capaz de transformar la realidad hacia la justicia social (puede cambiarse, pero no en esa dirección).
Y tal como está el escenario, ni siquiera es algo que movilice lo suficientemente a la gente como para aprovechar la coyuntura y dinamizar la construcción de organizaciones políticas cuya finalidad sea ganar la justicia social. La apelación a una actividad con tal carácter de institucionalidad no puede sino arrojar más pensamiento institucional.
En resumen, no hay ninguna razón para suponer que una asamblea constituyente que se revele contra la constitución bastarda, vaya a producir otra cosa que la legitimación de los procederes del Estado Capitalista y en el mejor de los casos, algunas cuestiones simbólicas en materia de los principios que se declaran en el capitulo 1, sin embargo, las consecuencias de dicho proceso en el campo de la hegemonía pueden ser arrolladoras en términos de la legitimación de la desigualdad y del status quo.
Hoy en día, cuando hay conflicto social aún en meseta y cuando este conflicto social encuentra su base en el fracaso del capitalismo en cuanto a las expectativas que había sembrado en ciertos sectores de la sociedad[3] y por lo tanto, mediante esto empieza por fin a perder piso como única respuesta legitima de distribución de la riqueza. ¿porqué hay gente que vez de politizar la coyuntura, en vez de ayudar a develar los estragos que produce el capitalismo en la sociedad, se dedica a agitar cuestiones que solo aportan a robustecer la hegemonía del modelo?
En Chile, la cuestión de la participación, NO ES EL PROBLEMA, el problema es la DISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA. Y eso no está contenido en ninguna constitución y a menos que me aseguren que en esa Asamblea Constituyente van a eliminar la propiedad privada y van a colectivizar las riquezas de este país, seguiré pensando que ustedes los que proclaman y agitan con esto
(conscientes o no) trabajan para la enajenación.
[2] Hay bastante bibliografía sobre este tema de la representatividad y las condiciones necesarias para la existencia de un acto político. Desde la Filosofia Politica puede buscarse en Badiou y varios otros.
[3] Esta es otra discusión sobre el carácter de las manifestaciones sociales de hoy, pero es muy largo de explicar en este articulo.
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